Periodistas en la línea de fuego

Por #periodismoreal | 16:42 Leave a Comment

C. Ballesteros.- Decir la verdad tiene un precio. Y decirla en tiempos de guerra tiene un precio más alto. "La primera víctima de un conflicto es la verdad", escribió Philip Knightley y muchos periodistas han pagado con su vida para que el mundo conozca el horror y el espanto. Los casos más recientes, que han llenado las páginas de la prensa occidental, han ocurrido en la llamada primavera árabe: Chris Hondros y Tim Hetherington en Libia, Gilles Jacquier, Anthony Shadid, Remi Ochlik y Marie Colvin en Siria, casi todos ellos veteranos y experimentados, expertos en esquivar el miedo, el azar, el francotirador o la mala suerte que puede esperarle a uno en cualquier esquina con tal de seguir informando. Murieron, pero al menos tenían el apoyo de la comunidad periodística internacional o de sus empresas. A diario en esas zonas o en frentes como México, Pakistán o Somalia, por citar tres de los países más peligrosos del mundo para la prensa, cientos de informadores locales o freelance sufren amenazas, extorsiones o son asesinado, sin más cobertura en algunos casos que su valor.

Sólo hay que echarle un vistazo a las cifras para darse cuenta de por dónde van los tiros del periodismo en los últimos tiempos: 26 muertos ( 5 en combate o por fuego cruzado) en esta mitad de 2012, según International News Safety Institute y el Comité para Proteger a los Periodistas, frente a 124 (7) en 2011, 97 (6) en 2010, y 133 (13) en 2009, el peor año hasta ahora, además de los detenidos, heridos o secuestrados. El mundo se ha convertido en un lugar cada vez más inestable e impredecible, como dijo la propia Marie Colvin en 2010: “Nunca ha sido tan peligroso ser corresponsal de guerra porque el periodismo en zona de combate se ha convertido en objetivo principal”.

Las reglas del juego han cambiado desde hace unas décadas. En la Primera Guerra Mundial sólo murieron dos periodistas, 63 en la Segunda y 34 en un conflicto como Vietnam. Antes, podían marchar junto a los Ejércitos e incluso vestir el uniforme para mayor seguridad. Ahora las guerras se han vuelto asimétricas, irregulares, sin líneas claras de frente, sin actores estatales de por medio y sin Convenciones de Ginebra que valgan. Muchos conflictos sólo pueden cubrirse desde el bando rebelde, lo que aumenta la exposición y la vulnerabilidad en una época en que el armamento se ha vuelto mucho más potente y precisamente cuando las grandes empresas periodísticas, que nunca han querido exponerse de forma innecesaria, imparten cursillos de seguridad, cuando no llevan a sus propios asesores, como ocurre con BBC y otras. “Desde Irak, se ha producido un cambio de tendencia, antes los distintos bandos tenían sus propios canales de difusión como Internet o Al Yazira, pero los casos de Siria y Libia nos han devuelto a un panorama en que el bando rebelde, que suele ser más débil, utiliza a la prensa como instrumento de propaganda y por tanto se convierten en objetivo”, dice Ramón Lobo, de El País y uno de los más veteranos reporteros de guerra españoles. Pilar Requena, del programa de televisión En Portada y buena conocedora de países como Libia y Afganistán, coincide en el análisis: “Siempre hemos sido blanco de guerra. Con todo, ahora se da más un cierto periodismo de attachment, en el que se milita en uno de los bandos, cada vez nos empotramos más, con unos y con otros, y eso lleva aparejado otro tipo de riesgos, además de los inherentes al trabajo”. A todo esto se suma que, en muchos de estos países, hay que entrar y salir de forma ilegal y en repetidas ocasiones para no ser detectado por el régimen de turno y conseguir la información, sin unas garantías mínimas, con lo que el riesgo se incrementa exponencialmente.

Con todo, una de las armas más mortales es la precariedad de la profesión periodística, inmersa en una crisis de identidad y de modelo de negocio, que ha multiplicado la presencia de freelance en las zonas de riesgo. Espoleados por la reducción de enviados especiales y de coberturas caras por parte de los grandes medios, se enfrentan a la crisis y buscan su oportunidad para seguir el halo de una figura, la del corresponsal de guerra, que, en el imaginario, no ha perdido su carácter legendario por más que estemos en la era de la información instantánea y por mucho que algunos aseguren que es una especie en vías de extinción porque la información cabe en 140 caracteres. “ No creo que mueran más que antes, creo que es una cuestión de probabilidades. Cada vez hay más gente sobre el terreno y muchos no son de plantilla, ni siquiera se juegan la vida por una portada o una foto, sino por la posibilidad de venderla. Pero el periodista muerto llena titulares, no cuenta una historia”, dice Lobo. Acuciados por la presión y por la instantaneidad de las redes sociales, veteranos y noveles compiten en busca de esa foto impactante o esa historia que dará la vuelta al mundo. “Los riesgos son siempre los mismos, los que quieras asumir. La gente tiende a imaginar que cuando entra en un país en guerra, nada mas bajar del avión a uno le disparan, pero la gran mayoría de las veces esto no es así. La guerra no dura 24 horas al día, ni está en todas partes… se concentra en pequeñas zonas geográficas y dosis temporales”, dice Ricardo García Vilanova, fotógrafo freelance cuyas imágenes, las últimas tomadas en Siria, salen día sí y día no en las portadas de The Washington Post o Time. “Al final todo se reduce a una pregunta: ¿merece la pena la imagen que vamos a tomar, por el riesgo que implica?”

“ Merece la pena, aunque conlleva un riesgo, pero alguien tiene que contar lo que sucede”, dice Mayte Carrasco que ha cubierto como freelance para Tele 5 y otros medios las recientes revueltas árabes, la última el cerco de Homs. “En este tipo de conflictos, corres la misma suerte que el resto de la población. La recompensa es que la gente te da las gracias por la calle, te llama por tu nombre, por ejemplo en Siria. Ellos son los auténticos héroes”, asegura y subraya que los medios tradicionales no invierten ya en coberturas internacionales, demasiado caras y poco rentables, y recurren cada vez más a periodistas a la pieza que, a veces, no llevan ni casco ni las mínimas condiciones de seguridad ni seguro en caso de muerte y que, en muchas ocasiones, se pagan el viaje y la estancia de su bolsillo. “Trabajamos de forma absolutamente precaria, tratando siempre de minimizar los costes”, asegura García Vilanova. “A partir de Libia, concretamente en Misrata, hubo un punto de inflexión. Antes de esa fecha los grandes medios trabajaban con freelances en zonas de conflicto de forma directa, y las agencias utilizaban sus staff. Hoy en día, esa proporción se ha invertido, uno trabaja para grandes agencias y los grandes medios compran esas imágenes a estas agencias. La respuesta de los grandes medios a los freelance es siempre la misma: demasiado riesgo”. Sin embargo, sigue habiendo gente dispuesta a jugársela por contar la verdad y todavía no se ha conseguido un tuit que logre transmitir la sensación, la emoción o la visión de un reportero, de alguien que estuvo allí, lo vió y lo contó. Si no, como dijo en un reciente discurso Sol Gallego- Díaz: ¿para qué murió Marie Colvin?

CECILIA BALLESTEROS | Periodismo Real |

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